Hay salidas y hay salidas. Hay rutas de domingo y hay rutas que te cambian algo por dentro. La Villanada es de las segundas.
Cada año, los Villanos cerramos el mundo exterior durante unos días y nos lo llevamos todo a la carretera. Solo nosotros. Sin invitados, sin prisas, sólo ser nosotros mismos. Hay un plan de primeras — destinos, carreteras, etapas — pero la carretera siempre tiene su propia opinión, y nosotros aprendimos hace tiempo a escucharla.
No es un viaje organizado. Es una conspiración con motor.
Kilómetros que solo tienen sentido cuando los ruedas con la gente correcta. Noches que no caben en ningún resumen. Conversaciones que empiezan en una gasolinera y no terminan hasta el día siguiente. Momentos que se quedan grabados a fuego — aunque algunos prefieran que no.
Y luego está el tejón.
No vamos a hablar del tejón.
¿Por qué? Porque, a diferencia de lo que pasa en Wuhan, lo que pasa en la Villanada se queda en la Villanada.